O, si has leído a Italo Calvino, de como ser lo más parecido a su barón rampante.

viernes, marzo 04, 2011

Por Marcelino Camacho

     Yo, que soy amante del carnaval, y que empiezo a moverme, a mis 40 tacos, en el mundo sindical, no puedo dejar de hacer referencia a este pasodoble...


     ¿Qué me dices?

miércoles, diciembre 22, 2010

Los diez del beso (1ª parte)

  
   Erase una vez, que se era, un administrativo en paro abducido como dependiente en un gran almacén ("poco tiempo", se dijo, "el justo para encontrar otra oficina donde aposentar el culo"). Pero el poco tiempo se convirtió en un lustro, y la sensación de seguir siendo laboral carne de cañón iba en aumento. Mismos jefes con distintos collares, mismo salario con el mismo desgaste de lomo. Conclusión: treinta abriles trabajados por cuenta ajena, tan ajena que apenas guardaba sombras afectivas de tanto encargado, jefe, colega "trepa" y fauna similar.
     Y quiso la casualidad que para celebrar el quinto aniversario le moviera la curiosidad (amén de la evidente desidia del personal anejo) de embarcarse en una aventura nueva para él: ser representado por sus compañeros y/o ser representante de todos los mismos, ser candidato a las elecciones sindicales. 
     Y así, nuestro personaje, hasta ahora nunca envuelto en filias, adscripciones o similares rarezas, se vio animado y animando a un selecto grupillo de abnegados seres que, de la noche a la mañana, y sin más ánimo que el de intentar mejorar, o al menos innovar, su esfuerzo cotidiano por conseguirse el pan, pasaron a ser la cabeza visible de una revolución que iba a cambiar el mundo...LOS DIEZ DEL BESO.
      (continuará)

Se siente, Sinde...

Pues eso.

martes, diciembre 21, 2010

Quién para la violencia de género


     Y van setenta y tantas....
     Y ya nos da igual, ya es pura inercia informativa (en la carpeta del sida, de las minas, de la hambruna...). No hay leyes que valgan. No hay fronteras que poner. Alguien que quiere matar, mata.
     No podemos poner puertas al campo; no es posible vigilar eternamente a tanto bicho, de la misma manera que no hay forma de detener ese terrorismo fanático donde el primer objetivo es la desaparición del ejecutor (cómo se mata a la muerte). Nos queda la rabia y una leve acidez de estómago si ves la tele mientras comes. Después, nada...
     Aunque lo que más rabia me da es que seguimos inculcando en nuestra simiente que esto es, simplemente, así. Estoy cansado de ver a niñas (muy mujeres, según ellas mismas) de entre 15 y 20 años que están totalmente convencidas de que sus novios (otras pocas palabras emplearía yo) las quieren muchísimo por el hecho de que las tengan amarradas en corto, o, mejor, en casi nada.
     "No me deja pintarme, pero yo me he comprado este top que enseña tres cuartos de teta", "me regaña si me pongo esto o aquello", "me ha hecho tatuarme su nombre en el...., pero me ha dicho que si lo ve alguien que no sea él, me mata...".
     Frases como ésas, acompañadas de un look ultramodernamente mediterráneo (corales en los oidos, pero modernos; tatuajes modernos, que ya llevaba mi abuelo; pelos de colores y motos trucadas, todo muy moderno, aunque ellos, menuda pelusilla, no han conocido a los punkies ni al torete), se replican hasta la saciedad en una juventud tan escasa de ideas como de inquietudes, ante ¨la pasividad paterna que da la comodidad y la desidia de futuro, e invitan a nuestros hijos a llevar como lema vital "hasta que la muerte nos separe... y cuando yo lo diga".


viernes, diciembre 01, 2006

Lo jodido de acostumbrarse


Buenos días:
Ahora que estamos invadidos de pánico al polonio, dejando a un lado a los demonios del proceso de paz y los diablos del frenesí consumista navideño, me doy cuenta de lo jodida que es la costumbre. Nadie ve ahora el sida como una amenaza real; es algo que se llevó por delante a unos pocos desgraciados, pero, tan lejana su puesta de largo, que se diría que es una enfermedad extinguida, como la viruela, o inofensiva como un catarro.
Y es que es más cómodo pensar en las desgracias del Cachuli, pobre, que plantearse el drama que supone a diario esa enfermedad para tanta gente. Gente que ya no supone un peligro social (los maricones y los enganchaos ya saben cuidarse, dirían algunos) y en cuanto a los fámelicos negritos, qué más da que mueran de sida que de hambre...
Pues eso, que el puñetero costumbrismo nos sirve de bálsamo olvidalotodo para aquello que no resuene a todas horas en teles, radios y similares. Y así nos luce el pelo.

viernes, noviembre 17, 2006

Con perdón



Buenos días. Con perdón.
A vueltas con el fastidioso proceso de paz (por lo pesaditos que están todos los implicados, mareando la perdiz hasta el coma etílico y sin más resultados que la consecuente resaca), quiero reflexionar sobre el perdón. A colación de una frase que escuché el otro día a alguno de los protagonistas de este culebrón: "... el perdón resulta más sencillo para los que más han sufrido".
Tan cierto como que es muy fácil arreglar el problema. Tan solo perdonar. Ya vendrán luego los acuerdos, los pactos y los modismos, pero perdonar. A derechas y a izquierdas, a sanguinarios y desangrados, perdonar.
Si la gente solo quiere vivir en paz, basta perdonar y arremangarse para avanzar. No hace falta olvidar, eso es otra cuestión. Y no es ni fácil ni obligatorio. El dolor no se olvida, pero se mitiga.
A ver si convencemos a esos que enarbolan la política de que no hace falta que justifiquen sus puestos con una guerra que nadie quiere, que estamos hartos de malos y buenos. Que queremos que se acabe, ya. Que no se quiere más a tu país por defender a ultranza el rencor, aunque eso conlleve algunos votos de más. Tampoco debe ser el billete del viaje al país del YoAcabeConEta, "mira que guapo soy". Que esto no es Gran Hermano, que nos la trae floja el papel que quiera adoptar cada uno, que el patriota agravado, el progre aflojamanos y el pistolero sin pistolas nos tienen ya cansados de amenazas, concesiones y, sobre todo, bonitas fotos.
El querer ser vasco es tan lícito como sentirse guatemalteco, o alhaurino, o terrícola. Que de ahí a ser demonio van muchos tiros, que, por suerte, no todo el mundo dispara. Pero hay que perdonar para admitir y admitir para perdonar. Tan sencillo como eso.
Ya vendrá después la justicia a rendir cuentas (esa que absuelve a Farruquito por matar, aunque como no es etarra....; esa que fianza la salida de la Zaldívar con la imponente suma de 15 millones, un gran golpe para los 3.000 ó 4.000 que se ha "dispensao"...; esa que te embarga un piso por no pagar un mes de hipoteca...) si es que aún queda alguien que crea en ella. Tras perdonar.
Ya está bien de romper camisas (o de quemar autobuses) en nombre de AVTeses, HBeses y todos los eses que quieran. Que el perdón es tan íntimo como el amor. Y ninguna asociación, ni partido, ni banda armada, ni la madre que los parió debe decidir si quiero o no quiero perdonar.
Con perdón.

lunes, octubre 30, 2006

Pues eso...

Estoy harto de pajilleros que se miden la vida en comparativos centimetros, harto de quinceañeras de cuarenta y tantos que se miden la vida en decibelios de reguetón; harto de chats sexualmente explícitos y mentalmente anémicos; harto de anuncios CHICA10 que venden amnesia; harto de intelectuales homo erectus (o eso quisieran) siemprecumplidores.
¿No han enseñado a nadie en los últimos treinta años a pensar?
¿Porqué tengo que autodisculparme cuando brota alguna idea de mi modesta masa gris y desemboca en el canal de los sentimientos más higienicamente sucios?
¿Tengo que confesar a los míos que me ponen más, visto lo visto, las broncas de Sánchez Pujalte que lo que está sexualmente in?
Quizá no esté de moda el erotismo, puede que no tengamos tiempo para eso, pero, cuando echemos un vistazo atrás y veamos cuanto perdimos entre la meseta de lo correctamente cotidiano y/o la cordillera del "tiabuenatevoyaecharunpolvazo" ,diremos, existo luego pienso, pero...pienso, luego sexo?
Es lógico que, puestos a pensar en cómo pensar, se obvie cualquier imagen. Perdonen las disculpas.